Ayer tuve una Epifanía: media hora de trabajo me rindió un excelente resultado, tanto que pude alardear, tanto que mis metas se vieron muy cercanas. Y luego cal en cuenta que mis malos hábitos, las barreras auto impuestas de la brillante mente que encadena mi espíritu a esta vida pueden tirarlo todo abajo y, una vez más, sumirme en la desesperación y el frío interno que me provocan las metas no cumplidas por procrastinar. Es patético.
Y entonces hoy volví a lo que no me trae más que gastos y momentos incómodos. De repente mis prioridades se vuelven locas y yo ya no sé qué hacer.
O tal vez sí.
Escribo esta entrada y sólo pasa en mi cabeza el tono de la canción por la que elegí el nombre de la misma...
Y entonces las fechas límite y los compromisos me tienen un poco atareada, o por lo menos, deberían. Siento el empuje, la fuerza que me motiva en mi interior, todo lo que me hace salir de debajo de la piedra donde se encuentra el resto de autoestima que aún queda. Y hoy no pasó nada. Y mi mente sigue abierta como si lo hubiera hecho todo bien. Ahora creo que tendré jaqueca.
Decretado, claro está.
El sentimiento de superioridad sigue, ahora falta encausarlo. Mañana es día de actividad desde temprano y podré seguirle la pista al sentimiento que no quise admitir hoy frente a él, ese sentimiento encontrado que me causa el que ya no sea totalmente mío sino que comparta con alguien más lo que sólo ha hecho conmigo por dos años... Me cuesta un poco. Pero soy fuerte ahora, todo el sentimiento negativo se va a través del trabajo constante.
A disfrutar.
If you should lose your way, there is a place here in this house that you can stay.
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