En mi caso, hizo falta el detonante indiscutible de mi adicción a la aceptación (y una baja autoestima) ligada al don que Tehlu me dio para sentir empatía por casi cualquier ser viviente.
En mi esfuerzo por ser como los demás (y durante mis 21 años de vida) encontré que podía ayudar y ser aceptada por ello, por lo cual me volví mamá de un muchacho de mi edad (a los 15), abandoné mi intención de estudiar en la UDLAP o Tec de Monterrey por pensar que no valía la pena matarse por una beca ahí, desaproveché la oportunidad de realizar el sueño americano (o de aprovechar su m a r a v i l l o s o sistema educativo), temí por un cambio muy radical y dejé pasar mi sueño de convertirme en periodista en la UNAM (que pues iba a ser en FES Aragón así que ni iba a estar tan chido), para regresar, literalmente, al pueblo donde nací a estudiar la carrera menos pior que más me atrajo en el momento y para salir del apuro...
¿Receta para el desastre? Ya lo creo. La extraña relación de maternidad terminó en forma caótica creando vacíos emocionales que me atormentan hoy día; envidio a los que tienen la oportunidad de tener quién les abra la mente en sus escuelas; me hubiera gustado hacer amistades más duraderas en gringoland; también envidio mucho a quienes viven lejos de casa y se las arreglan por su cuenta; no me acaba de agradar este lugar, ni esta gente, ni la Universidad, me cuesta no caer en rutinas o en pensamientos mediocres y eso me causa angustia. Súmale, querido lector, que mis objetivos personales (de salud) se ven empañados por mi obesidad y baja autoestima.
A pesar de todo aquello, he tenido facilidad con las personas, no me es difícil sonreírle a la vida y disfrutar de cosas pequeñas, me gusta tomarme tiempo para hablar con las personas y conocerlas de manera sincera y cordial, además de que todo el conocimiento inútil que me ha brindado el internet hace que sea, si no un libro de datos curiosos con patas, sí una buena escucha.
Y en medio de los baches emocionales en los que pocas cosas tomaban un verdadera sentido, aparece quien es mi actual y errática pareja de camino, con una historia igual de compleja en su interior aunque por el exterior fuera catalogada como triste nimiedad, al igual que la mía y otra serie de características que hizo algo que ha logrado durar más de dos años con más bajas que altas y siempre con la actitud de crecer y lograr algo distinto a lo que todos piensan que serán nuestras vidas.
Fue en una de las ocasiones tristes en que escuché con detenimiento una conferencia de un tal Bobadilla. Sin entrar en detalles, me hizo recordar que el mundo no se trata de complacer a otros sino a mi mismo espíritu y a la misión a la que fue enviada.
Pero, como todo, el sentimiento tiende a agotarse... Y una vez más encontré un lindo nido donde me hicieran sentir bien y donde, diciendo algunas promesas de acción, seguiría recibiendo buen trato y miradas aprobatorias de cariño a mi persona. La diferencia con esto es que el tiempo apremiaba y yo lo sentía como Garfio al escuchar en reloj perdido en la panza del cocodrilo, siempre acechándome y recordándome que las promesas vacías siempre llegarían a mal término con la gente que depositó su confianza en mí.
Esto no es vida, querido lector. Este andar sin definir un rumbo, sin pasiones verdaderas, tratando de agradar a quienes no nos darían un céntimo en caso de necesidad. No hago mucho por mí, pero tampoco hago algo concreto para ayudar a alguien más y mi alma ya lo resiente. Sé que a este edad pueden considerarse estas palabras como patéticos sentimientos fatalistas, pero son 21 años en los que pude haber desarrollado habilidades que hoy me estarían redituando en calidad de vida, en salud, en amistades duraderas, en fuentes de ingreso y, sobretodo, en sueños cumplidos.
En general he tenido buena suerte y buena vida. Pero el vivir sin pasiones me mata. Y es por eso que ayer que vi este video me conmovió hasta las lágrimas. Si tienes oportunidad dejar lo que haces en este momento e imaginarte a los 99 años en tu lecho de muerte, pregúntate qué harías hoy de diferente.
Pronto hablaré de mi crush eterno con Jerome Jarre, por lo mientras, aquí tengo un nuevo sueño para creer un poco más en mí y que no necesito estar en esa pirámide corporativa para ser feliz.
Gracias por leer hasta el final.
Ac
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