martes, 17 de marzo de 2015

Un rayo de luz

Y entonces me di cuenta que el vacío que intentaba llenar con series, películas e interminables sesiones de Facebook era el mismo que sentía cuando me inundaba con libros que me hacían vibrar, que no podía dejar, que añoraba que llegaran. 

¿Qué clase de persona adquiere el hábito de la lectura y la deja por tres años? 

¿En qué mente cabe que la excelencia pueda convivir con el caos emocional y físico?

¿Qué me pasa?

¿Por qué esto me ata a la tierra, a la cama, cuando mi alma de engrandece en la acción y ayudando a otros a conseguir sus sueños?

¿Qué puedo hacer para cambiar? 

Necesito volver a leer. Y a creer.  

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